30 abril 2021

Un paseo por el antiguo hipódromo


Todos guardamos en la memoria lugares que nos han marcado por las experiencias vividas en ellos y si bien no es raro que muchos de estos enclaves desaparezcan con el paso del tiempo, otros logran sobrevivir aunque sea con una apariencia y/o función diferente a la original. Este es el caso de una de las zonas más emblemáticas de la ciudad de Alicante, dedicada a la práctica de diversos deportes como el fútbol o el baloncesto pero que en sus comienzos fue algo totalmente diferente. Os hablo de lo que todos los alicantinos que ya tenemos unos años conocemos como el antiguo hipódromo, hoy polideportivo Monte Tossal, cuyo aspecto actual encabeza este post...


Poco se sabe del momento en el que se creó y puso en funcionamiento la instalación pero, por lo que he podido ir averiguando, habría que remontarse al menos hasta los años 50 del pasado siglo. Lo que sí se sabe es que a mediados de los 70 se dejaron de celebrar competiciones aunque las viejas cuadras, hoy reconvertidas en vestuarios para aquellos equipos o grupos que entrenan de manera oficial allí todas las semanas, se siguieron utilizando durante un tiempo hasta que finalmente fueron abandonadas. Quiero antes de continuar disculparme por la ausencia de material gráfico de los periodos que describiré a continuación, ya que he sido incapaz de encontrar nada pero si algún día logro dar con algo no dudéis que actualizaré el post. 

Ya entrados los años 80, que es cuando yo comencé a visitarlo, el viejo hipódromo todavía mostraba la estructura de lo que una vez fue, con el clásico anillo de carreras por el que muchos solíamos correr con nuestras bicis. La zona central, antaño repleta de obstáculos para los caballos, yacía vacía y rodeada por un pequeño muro que sería posteriormente eliminado y sustituido por un seto de cipreses cuando se crearon las primeras pistas deportivas. Hasta ese momento, y sumado a lo ya dicho de las bicis, la actividad física se limitaba a un circuito de ejercicios diversos que circundaba los límites de la instalación y del cual ya solo queda un solitario cartel que, por razones que desconozco, no fue retirado junto al resto de elementos cuando se realizó la primera gran reforma del lugar. Dicho circuito contaba con "aparatos" de madera para levantar peso e incluso, en una zona concreta, varios bancos inclinados para hacer abdominales donde había que sujetarse los pies con una cuerda y otros horizontales donde hacer levantamiento de unas pesas creadas con barras de hierro y ruedas de coche como discos. 


Como he mencionado, ya por entonces se comenzó a transformar el lugar para la práctica deportiva individual y colectiva que todavía tiene hoy pero no solo se pensó en los deportistas sino también en los niños que tuvimos la gran suerte de contar con dos zonas de columpios que ya quisieran para sí los infantes actuales, pues hablamos de unas construcciones erigidas con troncos entrelazados que iban desde un pequeño refugio a ras de suelo y otro a un par de metros de altura por el que se ascendía por una escalera hecha de barras de metal (y del cual se podía bajar por otra situada en diagonal a modo de tirolina) hasta una torre de varios metros con varias plantas y formas de acceso tales como un puente "móvil" con troncos sujetados con cadenas que se movían a cada paso o una "escalera" horizontal de metal y que además contaba, para bajar rápido de lo más alto, con un gran tobogán de doble inclinación. 

A este complejo se le añadiría otro posteriormente, de aspecto algo más artificial pero igualmente interesante, con un puente levadizo que unía dos zonas, una con una escalera de madera y otra con un tobogán de metal y ancha superficie por el que era toda una temeridad dejarse caer a ciertas horas del día en pleno verano a causa del calor acumulado en la misma. Y en el otro extremo del hipódromo se creo una construcción análoga con varios pisos entrelazados y zonas de paso solo aptas para "tipos duros" como, por ejemplo, un "puente" de anillas por el que había que tener mucha fuerza en los brazos para poderlo cruzar. A todo esto hay que añadir, aunque fueran algo ornamental, las numerosas estatuas de piedra con forma de animales como ciervos y osos repartidas por ambos lugares a las que uno se podía montar y que, por desgracia, tampoco duraron mucho gracias a lo "bien" que, tradicionalmente, se ha tratado el mobiliario urbano en esta ciudad. 


Pero volviendo a lo puramente deportivo, en el centro antaño desolado se crearon cuatro pistas, tres de ellas para fútbol sala y una última para baloncesto, a las que había que ir pronto si se querían pillar vacías. Especialmente una de ellas, la única que contaba con una red de grandes dimensiones tras cada portería para evitar que el balón terminara más allá del seto si se iba fuera. Desde luego era una zona codiciada por quienes no la cogían y se veían obligados a atravesarlo si no querían perder mucho tiempo saliendo por una de las zonas abiertas en el centro y dar con ello todo un rodeo. estas pistas estuvieron disponibles durante muchos años pero un buen día se decidió su eliminación para construir el enorme campo de césped artificial que aún es posible disfrutar hoy. 

En este campo se juegan partidos de fútbol normal o fútbol siete, pues cada mitad es a su vez un campo adecuado a la práctica de esta modalidad. Los extremos interiores del antiguo anillo de carreras albergan ahora sendas pistas abiertas de baloncesto y el mencionado anillo, que ha ido recibiendo varias reformas con el paso del tiempo, es ahora una pista dura que sirve tanto para correr a pie como en bici. En otro punto del recinto, en concreto donde estaba el primer complejo de columpios antes descrito, hay ahora una pista de fútbol sala a la que recientemente añadieron dos "redes" metálicas y porterías creadas con barrotes que, en efecto, no se van a romper como sí lo hacen las de cuerda pero que recuerdan más a una cárcel que a un espacio dedicado al ocio y justo al lado, en una zona elevada, otra pista dedicada a la práctica del hockey. Por último se creó un circuito de tierra con intersecciones que se utiliza para caminar y correr...


Mentiría si dijera que no sigo disfrutando de este sitio porque, de hecho, ayer mismo estuve allí con un amigo haciendo ejercicio pero no cabe duda de que, en cuanto a la fuerza de la experiencia, lo vivido durante la infancia y adolescencia fue mucho más intenso de lo que hoy me puede ofrecer, que no es poco pero nada comparado con lo anterior. Y es que la magia que tuvo antaño ya no está presente y no solo por el hecho evidente de hacerse uno mayor sino porque ya no es lo que fue ni volverá a serlo. Por fortuna, el Poder RETRO me permite seguir recordando aquellos buenos tiempos que ahora he querido dejar plasmados lo mejor posible en este blog. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario